

Primer tratado español sobre barnices y charoles, que se abre con el uso de la laca en China y Persia y se cierra con 93 recetas 'secretas'; octavo pequeño en pergamino flexible de época.
Autor: Genaro Cantelli
Título: Tratado de barnices y charoles
Pie de imprenta: Valencia, Dolz, 1735
Edición: Primera edición española
Formato: Octavo pequeño (8º)
Encuadernación: Pergamino flexible de época, título manuscrito en el lomo
Colación: [6] hojas, 286 páginas
Ilustración: Xilografías a toda página en el texto
Octavo pequeño. [6] hojas sin numerar, 286 páginas. Ilustrado por completo con xilografías a toda página de talla sencilla y vigorosa. Pergamino flexible de época, el título rotulado a mano en el lomo.
En pergamino flexible de época, el título manuscrito en el lomo.
Palau 42612.
El primer tratado español sobre barnices, charoles y esmaltes. Cantelli se abre con una relación histórica de la laca y de su uso en China, basándose en Martino Martini (cuyo Novus Atlas Sinensis fue publicado por Blaeu en Ámsterdam en 1655) y en Athanasius Kircher, y continúa con sus nombres y usos en Persia, Nueva España (México) y otros lugares. Describe a continuación una serie de métodos para disolver las resinas extraídas de los árboles en distintos disolventes, como la trementina y el espíritu de vino, comparando la resina con el ámbar tal como lo describieron siglos antes Dioscórides y Avicena. Siguen breves instrucciones para elaborar los distintos barnices, chinos, turcos y otros; estas primeras 42 páginas forman una introducción histórica que conduce al núcleo del libro, cómo debe hacerse verdaderamente el barniz (pp. 42-134). La parte siguiente explica cómo integrar la plata y el oro con el barniz y cómo preparar barniz de color. La obra se cierra con 93 recetas 'secretas' para el uso del barniz sobre piedra, frescos, madera y otros soportes, y un índice detallado.
Publicado en Valencia en 1735, es el primer tratado sobre el barnizado y el charolado aparecido en español, en pleno apogeo de la moda europea de la laca china y japonesa. Se sitúa en el punto de encuentro entre el oficio artesano y la era de los descubrimientos: el saber con que se abre llegó a Europa a través de las misiones jesuitas en China, del atlas de Martini impreso por Blaeu en Ámsterdam y de los escritos de Athanasius Kircher, y se puso en práctica en los talleres españoles y coloniales desde Valencia hasta Nueva España. Una segunda impresión siguió en Pamplona en 1755, prueba de la demanda duradera de la obra. Los ejemplares de la primera edición en su pergamino flexible original son poco comunes en el mercado.